EFÍMEROS

Miércoles 14 de diciembre de 2017. Niza. Volviendo a mi casa temporal. Son la 1 am y tengo los ojos vidriosos. Y escribo ahora porque es AHORA que tengo la inspiración y las emociones. Tengo los ojos así porque recién fue la última vez que ví a Nacho y a Maru.

Ellos son la representación exacta de lo que es viajar. No solamente por el hecho de que son viajeros de alma y son del tipo de gente que colecciona momentos y anécdotas y no cosas, sino porque conocerlos me hizo darme cuenta como funcionan las cosas cuando te vas de tu país un tiempo. Cuando digo cosas, me refiero a relaciones humanas, y digo “darme cuenta” porque es algo que ya venia “sufriendo” pero como que en mi cabeza todavía no tenia título. Creo que la utilización de comillas es para disminuir la gravedad de la palabra pero al mismo tiempo creo que son innecesarias ya que es exactamente eso. Me pasa que soy muy sensible y tiendo a encariñarme muy rápido con la gente, y muchas veces más de lo que ellas conmigo. Entonces si, se podría decir que lo sufro un poco.

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Festejando Halloween, con los susodichos y Matt, un compañero de trabajo inglés que había puesto la casa para jugar a la Play el último dia que nos juntamos.

Efimeridad. Efímeros.

Ese es el titulo que le puse a esta parte de este torbellino de emociones al cual nos exponemos de viaje. Torbellino porque todo es mucho más intenso cuando estamos lejos.

Son muchísimas las personas que conocí viajando. Gente que me alojó en su casa, gente con la que compartí apartamento, un viaje de un día, una tarde, una visita a una ciudad, un mate si eran argentinos, unos besos. Cuando viajas sol@ estas muchísimo más expuest@ y abierto a conocer gente. En parte por necesidad, en parte por la naturaleza misma del viaje: en mi opinión, los viajes son un 90% la gente que encontramos. Al 50% tengo la certeza de que no la voy a volver a ver, al otro 50% la verdad es que no se.

También, conocí muchos argentinos que en nuestro propio país nunca ví, (cosa que todavía me resulta un poco raro) y juro que es mi sueño volver a verlos a todos alla, del otro lado, asado de por medio.

Y esto me hace volver a Nacho y Maru. Ellos dos también, argentinos. Pero lo especial de ellos dos, es en donde los conocí. Trabajando.

Tuve (tengo) la suerte de haber encontrado trabajo en uno de los hostels mas grandes de Niza, y digo suerte porque realmente era el trabajo que siempre quise tener: un hostel, recepción y en la Costa Azul francesa. Maru había empezado hacia unos buenos meses, y había metido a trabajar a Nacho, su novio. Obvio que, primero que nada, fue un alivio, porque todos mis compañeros son anglófonos y si bien hablo inglés, hace más de un año que mi cabeza piensa en francés y honestamente, la lengua de Shakespeare no es mi mejor fuerte en este momento. Entonces, llegar a un nuevo trabajo, donde nadie habla tu idioma, con las inseguridades que eso te genera (porque vamos! no es lo mismo no encontrar trabajo en tu ciudad natal que en el otro lado del mundo) y de repente encontrar gente que encima es de tu ciudad es, más que un alivio, un oasis.

Después la razón por la cual me encariñé también, es porque son mi estereotipo de gente favorita (De esto también me di cuenta cuando los fui conociendo, tenia un ideal de gente preferida en mi cabeza y no lo sabia) Si los hubiese conocido en Buenos Aires probablemente serían la gente con la que me juntaría todo el tiempo, como mis amigos allá. Simpáticos, educados, compañeros, divertidos, hechos de historias y momentos. Sin contar además que con ellos podía compartir y hablar de cosas que con el resto de mis colegas no puedo, básicamente porque venimos del mismo país y ciudad, por ende mismas costumbres y cultura.

Así fue básicamente como es que estos dos reunieron mas o menos todos los requisitos para que esta pequeña nueva expatriada temporal se encariñe rápido. Sobre todo con Maru, con quien tuve la posibilidad de charlar mucho mas por nuestros respectivos puestos de trabajo, y con quien teníamos algunos puntos de nuestra vida en común, a pesar de nuestra diferencia de edad. Y esto ultimo, fue algo clave también en cuanto por qué, particularmente, me dolió tener que despedirme de ellos: Maru fue la única persona que me hizo entender la edad que tengo. Antes de este viaje, me pasaba la vida leyendo y escuchando a personas que viajaron por todos lados, mismo ella! Fueron varias las mañanas que pasamos hablando de sus viajes y aventuras y yo escuchaba y pensaba ” yo no hice nada de todo eso ” (si, soy ansiosa) y ahí ella me responde algo que todo el mundo me decía, pero que nunca le di atención: “pero yo tengo 6 años mas que vos, mira la edad que tenes y estas acá” No se si fue la forma fraternal, tan característica de ella, con la que me lo dijo o que fue, pero fue la primera vez que entendí que tengo 21 años y que no pude haber vivido lo que todo el resto, básicamente porque no tengo esa cantidad de años vividos. Algo que puede parecer tan simple y lógico, para los que sufrimos ansiedad es muy feo. Entonces, lograr que alguien te haga entender eso, realmente fue un cambio enorme en mí. Tanto que estoy en Niza pensando ya en…¡la Universidad de Buenos Aires el año que viene! (Nadie hubiese dicho que después de esto pensaría en estudiar y hasta tiene aires de suicida, lo entiendo)

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Una tarde que me dijeron de ir a tomar mates con ellos. ¿que argentino se resiste a unos calentitos en la plaza un día de frió?

La mayoría de los que estamos acá en Francia (sobre todo trabajando en un hostel), estamos de paso. O de viaje, o haciendo una pasantia, o simplemente viendo que onda.

Pienso que si no hubiese sido porque trabajábamos juntos, capaz que hubiesen sido un caso aislado mas, de toda la gente con la cual me encariñé estando de viaje. Pero en este caso, los veía todos los días. Y cuando ya estás en una ciudad más de tres meses, sumado a la rutina de trabajo, se pierde un poco el contexto de viaje hasta que de repente PAM! “tenemos que hacer algo el sábado como despedida, es nuestro ultimo dia” qué cómo por qué cuando? Ah cierto! que vos estabas de viaje también! pero pará! pará! que recién empezaba a encariñarme!

Básicamente si la persona no se iba antes, probablemente el que partiese ibas a ser vos. Y la despedida iba a suceder irremediablemente. En este caso, fueron ellos esa metáfora.

Calculo que es uno de esos sufrimientos que aprendés a pulir con el tiempo. En mi caso, primera vez afuera tanto tiempo, todavía no tengo un gran manejo de mis emociones. Me acuerdo cuando avisaron que se iban me nació, decirles “ay no! los voy a extrañar!” y Nacho, risita mediante y con la frialdad de quien ya sabe como funcionan estas cosas, me dijo “BAHH, después se te pasa,ya vas a ver. En dos meses ya van a venir otros Nacho y Maru”

Ojalá. Así se repetiría el ciclo.

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El hostel donde trabajamos está decorado con piedras. Y estas, con recuerdos de los que por allá pasan.

¡Buen viaje chicos!

 

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