ME ENTERÉ QUE ESTABA VIVA

Entendí que estaba viva.

En Francia. Me enteré, mejor dicho. Porque hubo un día en que caí en la cuenta que eso que venia viviendo no era vida. Miraba para atrás y no podía creer que había pasado 22 años sin vivir. Porque en Buenos Aires, lo que hacia era mas bien seguir el concepto de vida que tiene el colectivo común y que tenes que, en mi caso, involuntariamente seguir: ir al colegio, terminar, ir a la universidad y convertirte “en alguien” (como si el solo hecho de tener un nombre y respirar no lo fuese), que te pregunten por el novio, que tengas un buen trabajo, etc.

Mi vida era tan distinta, ¡era vida! No tenía que levantarme temprano, ni escuchar los noticieros con noticias de mierda mientras me tomaba un café antes de ir a un trabajo que no me gustaba. Tampoco tenía que ir a cursar clases que no me interesaban, y no tenía que andar aprovechando cada minuto libre para poder dormir porque si no, me moría de cansancio al final del día. Nada de eso. Bueno lo del cansancio sí, pero porque me dedicaba a hacer cosas que me gustaban, y honestamente últimamente estoy tan ocupada en vivir que a veces el sueño pasa a un segundo plano.

Volvamos a lo de la vida distinta; mi preocupación máxima era que me daba fiaca ir a comprar yerba y me moria de ganas de tomarme un mate. Y todavía me quedaba pendiente que él lo pruebe, así que tenía que ir si o si. Y conseguir. O mis días libres se basaban en fijarme en Google Maps que playita nueva de la Costa Azul podía ir a conocer. ¿Entendes? no todo se basa en obligaciones (mientras vos seas el dueño de tu vida y no tengas una boca que alimentar, por supuesto) .

Entendí que otro tipo de vida era posible y no era el que llevaba en Argentina.

Aprendí a vivir cada minuto como si fuese el último. El hecho de que mis días tengan fecha de vencimiento en un lugar hizo que viva cada minuto al máximo, como nunca antes había experimentado.

Desde que llegas a otro país, que tu cerebro está al 100%, porque estás todo el tiempo escuchando un idioma que no es el tuyo, entonces te esforzas muchísimo mas por no perderte nada, por aprender, por saber que están diciendo, por querer incluirte.

Todos los días que estuve en Francia me levanté con una sonrisa en la cara. Sonrisa de quien tuvo el privilegio de haberse dado cuenta que la cosa así no iba e hizo todo lo posible por salir de ahí, de esa zona de confort que en realidad de confort no tiene absolutamente nada. Sonrisa de quien sabe que no tiene que preocuparse nada más que de vivir. Nada mas lindo que tener tu vida en tus manos, que todo dependa de vos.

Entendi que estamos vivos y que lo que importa es sobrevivir. Qué más da , cómo y cuando, el punto es que tenes que sobrevivir y lo haces y punto. Muchas de las cosas que nos enseñaron te das cuenta que en realidad son flexibles y que vos las podes hacer a tu manera y está todo bien igual.

Un ejemplo concreto, banal pero concreto al fin, es la ropa: En Buenos aires tenía un armario lleno de ropa, el de mi mama de refuerzo por las dudas y me quejaba todos los días diciendo que “no tengo que ponerme”. Aca, tengo una mochila de 40 litros y ese es todo mi patrimonio. Todos los días me pongo lo mismo. Me levanto y contenta no tengo que perder tiempo en pensar que ponerme BÁSICAMENTE PORQUE NO TENGO, porque no me interesa comprarme una remera cuando con esa plata en Europa me pago un pasaje de avión, no me interesa gastar la plata en cosas materiales. Mi sueldo se va en pasajes a lugares, anécdotas momentos y cervezas con amigos. Nunca me sentí mal por no tener ropa, de hecho, me río! tengo un uniforme ya, para los fines de semana. Tengo solo dos pares de zapatillas (uno agujereado pero se la bancan) y SOY FELIZ IGUAL! Mis colegas lo mismo! estamos todos de paso y nos vemos todos los días y ya se que Jenny va a estar con su campera verdeagua y Alex con su camperón verde y yo con la mía roja de 15 euros y esta todo fenómeno! A nadie le importa! Tuve que cruzar un océano para darme cuenta que lo de afuera es cotillón, no le interesa a nadie. O capáz que si, a los que todavía no tuvieron la suerte de experimentar la libertad de no estar atado a ninguna moda o al prejuicio estúpido de quienes no entienden. De verdad! En Buenos Aires me daba mucha vergüenza no tener ropa, no me gustaba, me sentía mal. Veía todas las chicas que capaz estaban bien vestidas y maquilladas, porque trabajaban para eso, para comprarse ropa o capaz tenían más suerte y sus papas se los compraban, y me sentía mal! me sentía menos. Estando acá me siento igual que todos e incluso mejor! Porque me siento bien conmigo misma. Porque no me interesa lo que opinen de mi ropa o de mi look, porque si pude tomarme 10 aviones sola, no perderme ninguno y sobrevivir un año en otro país , soy capaz de hacer mucho más y eso me hace bonita. Y no las botas de Sarkany.

Acá somos todos iguales! En Buenos Aires vivía condicionada por cómo pensaba, por lo que decía, por como actuaba frente a determinadas situaciones. Acá no importa. Con mis amigos somos todos iguales, nos conocimos acá, en este contexto y no sabemos de que condición social viene cada uno, ni que orientación política, ni que postura tenemos frente a x situación. En Argentina todavía hay gente que se relaciona por postura política ¿Entendes eso? ¿Entendes lo grave que puede ser perderte de conocer a una persona porque apoya a Macri o a Cristina? Acá no tenemos ni idea, no nos interesa. Porque obvio, todos tenemos una línea de pensamiento, pero no importa. Lo único que cuenta es que somos personas. Nunca se habla del tema, tengo mucha suerte. Siento que en mi país la división social es muy grande y no quiero verla. Entonces, de repente, vas a bailar a un restaurant argentino, con toda gente que en tu mismo país nunca viste, y son todos iguales, lo único que importa es quien la mueve mejor en ese tema de Amar Azul que nos hace bailar a todos. ¿Por qué? Porque estamos lejos, porque entendimos que las relaciones humanas van mucho más allá de empresarios inescrupulosos, y entonces, la división social, no existe. Acá, entre nosotros, no.

Me llevo 22 años llegar a este razonamiento, por eso digo que antes no vivía, vivía dormida.

Ahora me desperté, y se siente muy lindo déjenme decir.

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