MUJER DE VIAJE: CUANDO EL FEMINISMO SE VUELVE ETNOCENTRISTA

BERLIN. ALEMANIA

“You are smart and you’re a woman, i don’t understand”

Esto pasó hace dos semanas en mi lugar de trabajo, una tienda de ropa de una reconocida marca a nivel mundial: Un tipo, al lado de su mujer me dijo : “no entiendo, sos mujer e inteligente” . El hombre le estaba diciendo en inglés, a una persona que no conocía, que no entendía como yo era mujer e inteligente. Como si fuesen dos cosas que no pueden ir juntas. Como si fuese gracioso.

Sin contexto alguno: mientras su mujer me preguntaba si teníamos una determinada prenda, el hombre primero me guiñó el ojo de la forma más perversa posible al punto que tuve que ir a buscar el inventario como excusa solo para moverme de ahí. No solo ya me había incomodado, repito, adelante de su mujer, sino que también se dió el lujo de hacerse el gracioso insultando no solo mi inteligencia, la de todas.

Ella se quedó mirándome a la cara a medida que se me fue transformando. Lo único que atiné a responderle, porque debo reconocer que mi cerebro un poco que se tomó a pecho el chistecito y se bloqueó, fué :”no me gustan ese tipo de chistes” y :”this is not ok“. Ella, avergonzada, solo llegó a responder “esa es la actitud” o “esa es la respuesta” . Algo así, no sabría bien porque no me acuerdo. No sé que me pasó. Se me apagó la tele. Me shockeée. La indignación y el enojo se apoderaron de mí. Hubo también un componente de sorpresa: ¿como podía ser que un tipo que no te conoce y ni siquiera habla tu mismo idioma tenga el tupé de decirte una cosa asi? ¿con qué derecho?

El feminismo es algo que siempre ví de lejos. Debo reconocer que es algo a lo que nunca le presté la atención que merecía hasta este año, cuando me tocó y me toca vivir hace muchos meses rodeada de nacionalidades culturalmente machistas. Y gracias a estar 24/7 con ellos, entendí cuan avanzados estamos en el asunto en Argentina.

Mi pañuelito verde acompañándome en Praga, República Checa (Casa danzante)

Además de este trabajo en la tienda, Berlin me encuentra haciendo el desayuno en un hostel a cambio de alojamiento. Hoy día, soy la única voluntaria mujer. Y a su vez, la única que trabaja religiosamente las cuatro horas que corresponderían. Porque si el resto un día hace menos horas, no pasa nada. De hecho, siempre fué así. Pero la boluda un día no puede presentarse a trabajar porque se le cruzaron los horarios con su otro trabajo y tiene que cambiar de día (ni siquiera pedirlo como un extra) y ya ponen el grito en el cielo. No importa que yo nunca termine más temprano, no importa que sea la única que tiene que hacer trabajo duro como es encargarse de la vajilla de 150 personas desayunando mientras que el resto trabaja de forma individual, haciendo tareas livianas (y a veces sentados con sus telefónos en mano) Eso no cuenta.
El dueño asi como los directivos del hostel son turcos. ¿Casualidad? Él sabe que yo trabajo más que el resto. Me lo reconoció. Cuando se supone que todos deberíamos laburar lo mismo y por lo mismo: alojamiento. Así y todo, tuvo el tupé de exigirme que “yo tendría que presentarme a trabajar porque si bien el resto no trabajan las cuatro horas, lamentablemente la posición para la que estas vos es necesaria.” No sabía, señor, que reponer el pan y poner platos en un lavavajillas eran una labor exclusivamente femenina. En Turquía, quizás. Acá no.

Me pasó, también, que el dueño del restaurante para el que trabajaba cuando vivía en Francia, haga un comentario de mis tetas adelante de su mujer. Así, como si nada. La tipa ni se mosqueó. Ni tampoco se percataron de lo incomóda que yo me podía haber sentido.

En esa época en ese país, estando de novia, me ha tocado que sus amigas lo llamen a él para preguntarle si quiero ir a una fiesta. Pero ¡tenés mi número! ¿Por qué lo tenés que llamar a él ? ¿Acaso no tengo voz ni voto? “Bueno mi amor, no te enojes, en nuestra cultura es asi” . También las escuché contar cómo se vinieron desde sus ciudades por sus novios. “Yo estoy acá en Francia hace dos años. El se vino primero y bueno, lo seguí” Juro haber escuchado un dejo de resignación disfrazada de felicidad ahí adentro. O lo primero que se me vino a la mente es lo que la chica no estaba diciendo que es, lo que ella hacía antes de dejar todo. ¿Cual habrá sido su sueño? ¿a qué se dedicaba antes de dejar todo y venir a una ciudad que no conocía , sin hablar el idioma? ¿no tenia una carrera? ¿un sueño personal? ¿su sueño de toda la vida será ese? ¿seguir a donde sea que vaya su novio? Lo más interesante de todo este asunto, es que a mí estas cosas me hacían ruido cuando las veía en los demás, sin darme cuenta que yo estaba haciendo lo mismo.

Es justamente gracias a estar inmersa en una cultura así, que descubrí la contracara de todo esto: Un día hablando con mi nueva amiga Maku, le comentaba que me sentía triste porque con el chico en cuestión no queríamos lo mismo para nuestra vida. Básicamente, le comenté que sentía cierta culpa por el hecho de no querer llevar la vida que él pretendía conmigo, que no era mala, simplemente no es lo que yo quiero para mi vida ahora. La respuesta de Maku me cambió la vida: “Sabes como se llama eso? Patriarcado. Nos criaron con el chip de que es la mujer la que tiene que seguir al hombre. Somos nosotras las que nos tenemos que adaptar a ellos. Y cuando no es así, nos sentimos culpables. Simplemente porque no estamos haciendo lo que debería ser” Y ahí entendí todo. Hasta entonces, en ningún momento se había discutido la idea de que él se sumase a lo que yo quería hacer, que era viajar. No. El tema siempre había sido que yo me quería ir. Como si me tuviese que sentir culpable por tener sueños que querer cumplir. Como si toda la culpa de que una relación no tenga futuro fuese mía. Porque claro, en su cabeza la cosa es: “ella se quiere ir” y nunca pero nunca “yo no quiero ir con ella” .

Cuento esto sin ningún tipo de rencor. Tengo el orgullo de poder decir que yo fui deconstruyendólo, que hay muchas actitudes y formas de pensar que gracias a que yo se las marcaba, el entendió que no estaban buenas, o que no eran normales, al menos en la parte del mundo en la que yo me crié. Y se las replanteó. Un día alguien me dijo “esa es una gran victoria tuya como mujer” y es el día de hoy que realmente creo el mundo tiene un machista menos. Me suena terriblemente fuerte, ya que jamás podría pensar en él como un machito, siendo que conmigo siempre fue y es una persona de 11. Pero la realidad es que las cosas que comento no tienen nada que ver con maldad. Sino todo lo contrario: el machismo es cultural todavía en muchas de las sociedades actuales. Todo lo mencionado antes no es culpa de él, de ellos, ni de ellas: es así lo que vieron y lo naturalizaron. Normal no quiere decir que esté bien, al menos para mí.

Ahí entendí que todo esto iba mucho más allá del aborto legal, del cual Italia, por ejemplo, está bien lejos todavía. El femenismo tocaba muchos aspectos que traspasaban el tema de la igualdad salarial también. Según Maku, quien se convirtió en una referente para mi, el feminismo como una reacción ante el patriarcado, era justamente un rejunte de aspectos que incidían en como te sentís, en tu posición frente al mundo. Ese día entendí que el feminismo era algo muy groso y de repente sentí mucho orgullo de que el pañuelito verde colgando de mi mochila, ese que empezó siendo el cartelito del aborto, ahora sea el símbolo feminista no solo de la Argentina, sino de Latinoamerica.

¿Por qué digo “viajando?” porque realmente antes nunca había estado expuesta a este tipo de situaciones. O quizás si, pero no me las había planteado. De repente, estando sola en el otro lado del mundo, quedo mucho más expuesta y no me queda otra que cuidarme y defenderme.
Es por eso que estando así, en constante movimiento y todo el tiempo en contacto con gente de otros países y culturas me toca plantearme hasta que punto, el feminismo es etnocentrista. Quiero decir, para mi, estas situaciones que me indignaron y me llenaron de bronca hasta los huesos, para otros países y sociedades son normales. Entonces, ¿cuál es el límite? Si esto sucede en mi país, no hay forma de que me calle. Pondría el grito en el cielo hasta que me tengan que pedir perdón de rodillas. Pero estando en otro… ¿que hago? ¿hasta donde tengo que soportar? ¿cual es la raya? ¿como hago? ¿agacho la cabeza? ¿trato de reeducarlos con una sonrisa? ¿reeducarlos? Esa no es mi tarea ni tampoco tengo la vara de la verdad cuando de culturas distintas se trata.

Por ahora, como siempre estando de viaje, tengo mas preguntas que respuestas. Lo único que sé, es que vengamos de la cultura que vengamos, seamos del pais que seamos, lo único que nunca podemos perder es el respeto hacia el otro.

Y señor belga, usted no ha sido muy respetuoso por más que así piense. A veces hay que ubicarse un poquitito. Y déjeme decirle: Sí, soy mujer y soy inteligente. Mucho más que usted aparentemente.

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